El entorno de Casa de Baixo también nos miente, y nos dice que no existen coches, ni ruido, ni aceras, ni animales, plantas o árboles en peligro de extinción.

Los que vivimos aquí, y apostamos a que lo mismo le pasará a usted durante el tiempo que comparta con nosotros, somos conscientes de que somos privilegiados.

Pero si opta pasear hacia el norte, a quinientos metros de la casa le sorprenderá el río Vilamoure y su entorno: fragas autóctonas llenas de "carballos", castaños, "xestas", helechos, "toxos" y setas -cuando es la época.

Una ruta de apenas tres kilómetros y siete molinos tradicionales, tres de los cuales aún funcionan

La ambientación musical corre a cargo de los cucos y las golondrinas a partir de abril, de los grillos en verano, y de los petirrojos, estorninos, gorriones y merlos durante todo el año.

Si tiene suerte y el ruido de sus pasos no los ahuyenta, es posible que pueda ver jabalines, cabras y conejos monteses, zorros o algún lobo.

Vista panorámica interactiva
Un camino cercano

Casa de baixo es la última edificación de una aldea en la que, antiguamente, vivían siete vecinos.
En la actualidad, la mayoría de estas viviendas están deshabitadas, de forma que las casas colindantes apenas han sufrido el desgarrador efecto estético con el que el aluminio y el ladrillo dañan los entornos rurales.
Escoja usted el camino que le parezca más sugerente, le prometemos que el destino no le defraudará.